Los vi a las siete de la noche: tenían ojos de mártir y caras angustiadas que forzaban un semblante de penitencia; estaban cargando la pesada imagen del “Señor sepultado” en la tradicional procesión de viernes santo. Quién diría que a las dos de la mañana (cuando la procesión había acabado), los mismos que cargaban la imagen estarían martirizando a todo el que quería dormir; porque corrían y...









